martes, 24 de marzo de 2009

LA ESTRELLA OSCURA

Primera Parte


Beta Ceti, Mundo Nebo, Ciudad Militar de Shakam, año 825 del mes octavo del día séptimo del Imperio 1700 horas

-¿Ciertamente, el atardecer en mundo Nebo puede considerarse entre los mas hermosos de esta parte del universo no lo crees Dánae? - pregunto un joven cadete a su amante mientras paseaban juntos por la alameda de Nurai-talaos.
- Si, si que lo son amor... me recuerdan a mi infancia en la tierra. - dijo mientras movía su cabellera en dirección opuesta a la enorme luna que se quebraba en el horizonte, y mientras sus pensamientos se movían con nostalgia hacia el punto de las remembranzas prohibidas de los años de su juventud y de su familia. Se veía francamente hermosa en esa postura, como una estatua de los tiempos antiguos cuando la energía no había reemplazado a la piedra, ni el androide al artista. - Pero, -contesto el cadete- supongo que la nostalgia no te pondrá lo suficientemente triste para el regalo que tengo para ti esta noche - dijo, mientras abrazaba tiernamente a su enamorada y escondía su cara entre el cuello y el cabello azabache de Dánae.
- Oye, aquí no, si nos ven tendrás problemas. -respondió Dánae, algo temerosa y excitada a la vez.

Deveraux hubiera continuado coqueteándola (para de allí llevársela a uno de los tantas salas de amor que habían para los soldados en dicha ciudad), pero un súbito pensamiento le detuvo: Sabia que en su posición, aunque pasaría normalmente como un soldado, siempre cavia la posibilidad de algún robot espía que pudiera verlo y pasara la información (junto con alguna filmación) a alguna agencia noticiosa sensacionalista, y el escándalo que se formaría en torno a ello seria único. Ciertamente ser hijo heredero del emperador tenía sus desventajas, en especial cuando se tenía a un padre que no iba a admitir ni la más ligera desviación en la conducta de su hijo, ni mucho menos, un escándalo de semejante magnitud.

Precisamente en ese momento, estaba lentamente dejando de abrazarla y maldiciendo en sus fueros internos la suerte de ser príncipe heredero, cuando una vibración y una música al interior de su cabeza, le avisaban que debía regresar a la barraca en 15 min; cortesía de Ramírez, colega suyo que le mantenía informado de lo que ocurriera al interior mientras el salía en sus escapadas. De buena suerte que tenia una compañía tal, con la cual podía programar mutuamente aquellas "salidas" no oficiales del cuartel (amen de encargarse de hackear las terminales de vigilancia, mediante el simplísimo método de conectar un terminar pirámide con alguna de las tantas cabinas de comunicación publicas que existían, y así acceder a la base de datos del satélite de vigilancia y... bueno, al menos así jamás se darían cuenta de la falta a menos de que pasen lista... y para ello estaban constantemente comunicados).

- Parece que tienes razón amor... - dijo mientras pensaba que no necesitaba haber estudiado diplomacia (que por cierto si había estudiado) para que le saliera mejor la mentira, inclusive se felicito a si mismo por la perfección de la misma. - Además, en 15 min pasaran lista y ya sabes lo que pasaría con un pobre soldado como yo si me descubrieran. - Lo se, lo se, anda nomas cuídate -dijo Dánae mientras deslizaba un suave besito por entre las comisuras de los labios de su amado. - Cuídate, te quiero mucho. - Y yo a ti -respondió Deveraux mientras se alejaba despacio por entre los jardines de la vieja alameda de nurai talaos.

Anduvo a paso acelerado entre cansados esclavos que salían con la cabeza baja, acompañando a sus amos a los distintos centros de placer de la ciudad, entre adolescentes que salían a pasear con sus amigas, así como entre... vaya a decirse gentuza, chusma, que en teoría poseía algo mas de clase, condición y riqueza (en muchos caso mal habida) que un servil clon, pero a los cuales sin embargo, Deveraux despreciaba en su foro mas intimo. Y es que, como podía ser posible que conociendo él esclavos que pudieran hacer el trabajo de un primer ministro (y algunos habían llegado a hacerlo), gente culta, preparada y capaz.... estuvieran en un estado de servilismo, mientras que otros que si merecían estarlo (estafadores, charlatanes, ladrones en cuello y corbata, así como aquellos padres de familia irresponsables, drogadictos y sus hijos también metidos en la cochinada) estuvieran libres por las calles haciendo lo que en gana les viniera y ofendiendo a quien se pusiera delante.

Sinceramente eso era algo que le repugnaba, aunque no la esclavitud en si. No podía comprender como su padre podía dejar que las cosas sucediesen de ese modo, y eso le irritaba en gran manera. Es cierto, el era el príncipe heredero y en algún momento tomaría el poder y el mando (aunque en el estado actual de cosas, eso parecía mas pronto de lo imaginado, la guerra, la edad de su padre, entre otras cosas parecían estar minando la salud del viejo de una forma bastante veloz, razón por la cual además, se le había introducido en la escuela militar, como fase final de su preparación). Pero existía siempre la preocupación latente, aquella pregunta sin forma y sin contenido definido... o que quizás lo tuviera, como un monstruo sin forma, ni color, que asomaba su hocico en aquellas profundas simas psíquicas que conformaban su mente.

Pudiera ser también que el cambio repentino de emociones, que le regresaban a los previos momentos de placer de hace un rato, le hubieran hecho olvidar el temible contenido de la misma. Meditando en círculos internos, en luchas de color gris oscuro que cambiaban de forma mutuamente, mientras chocaba con un objeto blando en el camino, y a este se le caían algunas cosas al piso.

- Asquerosa puta!!! - grito violentamente una voz que tronaba el aire con su estampido, mientras un soberano puntapié se clavaba en la cara del blando objeto cabizbajo. - Mira lo que has hecho, recoge los paquetes!!! Oh señor, perdone la molestia, no quise incomodarlo, es que esa... mujerzuela barata que acabo de comprar no sirve para nada, fíjese Ud. nada mas, Ahh, antes las hacían mejor pero ahora... ahora todo esto no es mas que una cueva de ladrones.

Deveraux ayudo en silencio a la pobre esclava a recoger sus paquetes, mientras veía una delgada lágrima rozar en una de sus mejillas. Casi se sintió mal de no poder estar en sus plenos poderes imperiales, para llamar por separado a ese individuo de chaqueta negra, bigote oscuro y prominente calva y hacerle precisamente pasar lo mismo que le estaba haciendo pasar a la joven. Es mas, en teoría podría hacerlo en este mismo momento, acusándole (o pretextando) que había chocado con el hijo del emperador, maculando así su impoluta imagen y que por tanto (porque como príncipe tenia poderes cuasi absolutos y por ende la capacidad de dictar cualquier sentencia que le diera la gana) condenarlo a esclavitud a alguna vieja colonia imperial minera. Con respecto a la esclava, esta podría quedar decomisada al servicio de palacio, en donde ciertamente la pasaría mejor que con ese sujeto. En palacio no era de costumbre tratar mal a los esclavos.

Pero no podía. Sabia que no podía, en especial porque ni siquiera Dánae sabia quien era, y solo Ramírez era el guardián de su secreto (bueno, el y el capitán de la guardia, que había recibido una especial recomendación y/o autorización del emperador para protegerlo en el frente, pero también para castigarlo en cuanto cometiera alguna falta. Precisamente por ello sabia que no seria inmune si detectaban su evasión, porque lo esperaría el flujo neutrónico y recordaba muy bien el dolor que eso causaba). Por lo que tenia que pasar de incognito y tragarse su orgullo.

Quiso seguir ayudando a levantar otros paquetes, mas un susurro inaudible para el tirano se deslizo en uno de sus oídos. - No joven, por favor, se lo ruego... yo nomas lo hare. Soy una esclava inútil y eso solo lo enfurecerá mas - dijo la pobre mujer mientras sus temblorosos brazos tomaban una a una las bolsas de mercado.

Deveraux se incorporo lentamente, mientras escuchaba con fría cortesía las palabras de agradecimiento y disculpa del viejo sujeto. Tuvo en ese momento, tiempo para observarlo detenidamente. El tipo en si no pasaría de unos 30 años, pero parecía de 50 con esa calva y ese cuerpo sin modelar. Sus patillas gruesas y oscuras formaban una barba bastante bien cuidada, al igual que su chaqueta. Una chaqueta por cierto, de piel de Kreptaya, sumamente cara al igual que los pantalones. Definitivamente este debía ser uno de aquellos excéntricos adinerados locales, con suficiente dinero como para no querer utilizar androides (que pueden resultar bastante idiotas e irritantes en ciertas ocasiones) y comprar esclavos.

Pero no pudo dejar de fijarse en sus crueles ojos verdes, como los de una pantera a punto se saltarle, ni en su apretón de manos húmedo y frágil, que mas bien le hizo recordar a una serpiente. Disimuladamente introdujo ambas manos a la chaqueta para secarse el sudor, mientras despedía a aquella triste dupla. Con todo, tenia que apurarse.

Pasaba a paso aun mas veloz entre las gardenias y las flores de Milatan, junto al cuartel pintado de gris, frente a la puerta principal, dando un giro hacia una pequeña puerta de servicio en donde Ramírez le esperaba... y de pronto recordó la interrogante de aguja, que le molestaba en aquellos 15 minutos, en aquellos días, semanas, meses, años y lustros latido, a latido... Y si el terminaba siendo como su padre?

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