Caen las rosas a la piedra
y el rocio al nidar
las sombras al cuajar
de las nieves y el vacio.
Cae el oro al suerlo efigeo
gélido como un diamante
puro como el sol
dorado sin alcohol.
Verde esfíntereo,
bianco, de tonos darkos
Alegre corazón de sombras,
de tequilas, melodías,
cabalgando y trotando.
Mira la casa
la sala vacía
que negros los cuadros,
que oscuras las sillas.
Las sombras que miran
que gimen que lloran
que gritan, a los arboles
a los cantos, a los libros
las mesas
las flores
los lápices
las tintas
las hojas
las vidas.
Las vidas de aquellas almas
que lloran, que gimen, que rezan,
crepésculo, noche eterna.
A inmolar
al cuerpo que se va
quel que va al sacrificio
en el muro celestial.
Ay Ay besa ángeles
al sonido, hoy al silencio
de saber que ya no soy
esperanza ayer y hoy.
Un recuerdo, una canción
una salida, para poder ser
mañana nueva vida
como el canto y el aliento
de los gélidos fuegos
de un viento, de un ardor.
Sentiré que seco
sera solo como un lienzo.
domingo, 25 de octubre de 2009
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